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26 noviembre
Cómo influye el frío en nuestra alimentación

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El descenso de temperaturas, los días cortos y grises, las lluvias, la nieve, y en general, el clima de otoño e invierno, genera en nosotros un estado de cansancio que hace que prefiramos quedarnos en casa, en lugar de salir. Por una parte, esto afecta directamente a nuestra alimentación, ya que el aburrimiento se apodera de nosotros y ¡nos entra el hambre! Picamos cualquier cosa que vemos en la despensa e ingerimos por el estado emocional, no por las ganas reales de tener hambre.

Por otra parte, según algunos estudios, en esta época del año, nuestro cuerpo cambia el funcionamiento de hormonas que afectan en nuestro apetito y precisa una cantidad mayor de calorías para calentarse y mantenerse a 37 °C. Con estos factores resulta más difícil seguir una dieta equilibrada, ya que a nuestro organismo no le apetecerá el agua, ensaladas o frutas, si no que querrá ingerir grasas y carbohidratos, alimentos y bebidas azucaradas con un gran aporte calórico. Sin embargo, no debemos perder de vista nuestra salud.

Ten en cuenta que aumentaremos las calorías que consumimos diariamente, pero habrá que hacerlo con moderación. Además, es importante no perder de vista este punto porque en esta época se tiende a disminuir los hábitos saludables como el deporte o los paseos al aire libre, algo que tampoco nos beneficia.

¿Cómo evitar comer más cuando hace frío?

La manera de enfocar esta nueva etapa es importante para no caer en el apalancamiento y seguir con esas ganas de sentirnos con energía y cuidarnos. Mantener el cuerpo caliente, ya sea con la calefacción del hogar o con ropa de abrigo, puede ser un primer paso para mantener nuestro organismo aclimatado y evitar las ansias por comer.

Además, existen una gran cantidad de alimentos sanos y muy beneficiosos para mantener un sistema inmunológico fuerte. Decántate por los caldos y consomés, así como las cremas, los tés y tisanas. Algunos ejemplos pueden ser: una infusión de jengibre o el té verde, arroz, pasta y patatas, legumbres, cítricos, frutos secos, lácteos, pescados azules, estofados o el chocolate, en su versión más pura.

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