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Hábitos saludables

El estado de salud de una persona es el resultado de la interacción de su genotipo y el ambiente en el que se desarrolla y vive o estilo de vida.

El estilo de vida es la base de la calidad de vida, concepto que la Organización Mundial de la Salud define como «la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas, sus inquietudes».

Para mantener un buen estado de salud, poco podemos hacer respecto a nuestra información genética, pero sí que podemos tomar hábitos saludables que nos ayuden a la prevención y reducción de patologías que infieren directamente en nuestra salud como, por ejemplo:

  • Tener una alimentación saludable
  • Realizar actividad física diariamente
  • Mantener una buena higiene personal
  • Hacer actividades de ocio o aficiones y evitar el estrés

Alimentación saludable

En el estilo de vida, el consumo de alimentos puede afectar de manera importante al metabolismo ya que dependiendo de las características de los productos que se consuman, las reacciones químicas generadas pueden variar. El metabolismo es el conjunto de reacciones químicas a partir de los alimentos, las cuales se desarrollan en el cuerpo con la finalidad de producir la energía necesaria para el desarrollo del ser vivo.

Tener una alimentación saludable reduce significativamente el riesgo de padecer enfermedades digestivas. Por eso, se deben consumir alimentos que, adaptados a otros factores como el ritmo de vida (sedentario o activo), edad y situación fisiológica (embarazo, lactancia, infancia, adolescencia, vejez), proporcionan los nutrientes necesarios para mantener la salud del organismo.

Una dieta saludable debe ser:

  • Variada, para poder aportar todos los nutrientes necesarios al cuerpo.
  • Suficiente en energía y nutrientes para mantener las funciones vitales y actividades diarias, tanto físicas como intelectuales.
  •  Adaptada a las necesidades fisiológicas, región geográfica, religión y cultura.
  • Equilibrada, respetando los porcentajes recomendados de nutrientes.

Actividad física

El ejercicio físico es otro de los factores relevantes para evitar enfermedades del sistema digestivo. Esto es debido a que la digestión tiene que ver con el movimiento.

Los movimientos peristálticos son los que nos ayudan a que los alimentos vayan pasando por el tubo digestivo y el estómago para poder ser absorbidos, si no hacemos ejercicio físico, estos movimientos del estómago e intestinos se hacen más lentos y empeora la digestión.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los adultos que se consiga a lo largo de la semana sumar 150 minutos de actividad física. Los beneficios que aporta hacer ejercicio son ampliamente conocidos, además de mejorar la digestión, permite un control de la tensión arterial, mejora de los niveles de colesterol y de glucosa y reduce los problemas de movilidad.

Higiene

Un foco de infección importante son nuestras manos, ya que con ellas cogemos muchos de los alimentos que nos llevamos a la boca. Hay que tener un especial cuidado con lavar bien las manos y desinfectarlas. Las bacterias aprovechan esta vía para introducirse en nuestro organismo, siendo una de las principales fuentes de enfermedades del sistema digestivo. Algunas bien conocidas como la salmonela y la E. Coli, son las causantes de diversos trastornos digestivos.

Evitar el estrés y el nerviosismo

Altos niveles de nerviosismo o estrés pueden ser causantes de muchas enfermedades digestivas, como úlceras y el síndrome del colon irritable. Para evitar estas complicaciones es necesario y fundamental el descanso, dormir adecuadamente, y tomarse un tiempo relajadamente para comer y masticar bien los alimentos. Los nervios pueden hacer que no estemos absorbiendo bien los nutrientes de los alimentos, causando así un déficit de hierro, minerales y vitaminas en nuestro organismo.